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En la salud y en la enfermedad, pero…

Por: Revista Amiga

“En lo próspero y lo adverso. En la salud y en la enfermedad…”, seguramente cuando los novios hacen esta promesa, durante el ritual del matrimonio, no se imaginan lo difícil y angustiante que podría ser si esto sucediera. Daniela* lo vivió y confirma que “sí fue angustiante”. “Me sentí sorprendida por el diagnóstico. Gran parte […]

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“En lo próspero y lo adverso. En la salud y en la enfermedad…”, seguramente cuando los novios hacen esta promesa, durante el ritual del matrimonio, no se imaginan lo difícil y angustiante que podría ser si esto sucediera. Daniela* lo vivió y confirma que “sí fue angustiante”.

“Me sentí sorprendida por el diagnóstico. Gran parte de nuestra relación cambió a partir de ese momento. No hay manera de prepararse para ello porque nunca piensas que va a pasarte”, dice Daniela, a cuyo prometido, Esteban*, se le diagnosticó leucemia crónica unas semanas antes de que se unieran en matrimonio.

Desde ese momento sabía que las cosas no serían nada fáciles, pero Daniela estuvo decidida a aferrarse al voto matrimonial que dice “…prometo serte fiel en la salud y en la enfermedad…”. Y los dos empezaron a convivir bajo esta realidad. Después de nueve largos y duros meses, un segundo diagnóstico reflejó una remisión de la enfermedad, es decir, se logró impedir la producción de células de la leucemia. Hoy esperan que no ocurra una recaída.

Pero tomar la decisión de casarte o de permanecer junto a quien amas luego de recibir una noticia semejante parece no ser lo más fácil, dicen psicólogos, psiquiatras y líderes religiosos.Para Marco Antonio Garavito, director de la Liga Guatemalteca de Higiene Mental: “Que el cónyuge padezca una dolencia grave o una enfermedad crónica es una de las situaciones más difíciles para cualquiera, pero a la vez es una oportunidad para demostrarle al otro amor verdadero”.

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El amor a prueba

Puede ser antes o después del matrimonio, pero recibir la noticia de que uno de los cónyuges es víctima de una enfermedad grave o crónica puede llevar a la pareja a dos escenarios: la ruptura de la relación o poner a prueba el amor.
Para los especialistas cuando uno de los cónyuges opta por el primer escenario, generalmente se debe a problemas previos a la relación y la enfermedad se convierte en la “gota que colma el vaso”, pero no la causa principal de la ruptura. Sin embargo, en otros casos la patología puede incluso afianzar la relación existente. Para ello, el licenciado Garavito expresa “La unidad y la comunicación son esenciales”.

“Cuando uno de los dos cónyuges está enfermo el otro se enfrenta no solo a la repercusión y al dolor de tener a un ser querido enfermo, sino también al hecho de tener que asumir gran parte de las responsabilidades y tareas del otro miembro”, Antonio Garavito, de la Liga de Higiene Mental.

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Dos son mejor que uno

Para los especialistas poner en práctica el voto matrimonial de ser fiel en la salud y en la enfermedad tiene muchos obstáculos por vencer para ambos cónyuges. “En esta etapa se pone a prueba no solo a quien vive la enfermedad, sino a la pareja, pero la actitud de ambos será un elemento decisivo”, explica el licenciado Garavito.

Ambos comparten muchas de las emociones y preocupaciones, y luchan para encontrar formas de manejar las alteraciones en la calidad de vida que conlleva el padecimiento y los efectos colaterales de los tratamientos médicos.
Pero ¿cómo manejar la situación? es la pregunta que muchas veces no ha tenido respuesta para quienes han vivido una situación de esta naturaleza. Ante esta interrogante, los expertos coinciden en que cada pareja afronta el problema de forma diferente. Desde el impacto inicial hasta la aceptación final, pasan por procesos que en algunos casos resultan largos y traumáticos, mientras en otros son relativamente breves y positivos para ambos.

En muchos casos los cónyuges, dependiendo de la relación que hayan construido, deciden luchar a brazo partido contra la enfermedad, pero tras un período más o menos largo de negación y discusiones sobre cómo afrontar la nueva realidad, terminan separándose. La licenciada Ludmilla Aguirre, psicóloga con especialidad en problemas de pareja, explica que si uno de los cónyuges decide abandonar a su pareja luego de un diagnóstico no se le debe condenar. “Nunca debemos juzgar algo que desconocemos, como el trasfondo de una relación”.

La profesional explica que por lo general el ser humano difícilmente abandona a otra persona en tiempos complicados, pero eso va a depender de los valores y las buenas relaciones que ambos hayan construido.
“El amor mueve montañas, pero a veces las montañas son demasiado pesadas”, dice Esperanza* una joven de 25 años, quien decidió dar un paso atrás, luego de saber que a su prometido le habían diagnosticado esclerosis múltiple, una enfermedad que afecta a la médula y el sistema nervioso central, provocando una serie de efectos colaterales.

El licenciado Garavito expresa que no se debe juzgar a quien abandona a su pareja en esta situación. “Considero que no es justo que se ataque a quien no puede soportar o llevar una prueba de ese tipo. Primero debemos conocer la historia individual de cada pareja, quizá desde antes de la enfermedad la relación ya no funcionaba, o simplemente se acabó el amor”.

Comunicación eficaz

Para resolver cualquier conflicto una pareja necesita utilizar tres herramientas efectivas para comunicarse mejor: escucha activa, hacerse entender y asumir la responsabilidad por lo que dice.
“Si después de haber establecido este tipo de comunicación eficaz se llega a la conclusión de que no desea continuar con el plan de boda para compartir la vida juntos, debido a una enfermedad que implicará no poder procrear hijos, habrá que romper la relación con agradecimiento, conocimiento de las expectativas del otro, y libertad”, explica Claudia Cuyún, psicóloga clínica.

Manos a la obra

Guillermo Ballenato, psicólogo y docente, explica en su página web que se dan muchos otros casos donde ambos cónyuges aceptan rápido el diagnóstico, se ponen en marcha en busca de toda la información que les pueda ser útil para hacer frente a la nueva circunstancia, introducen los cambios necesarios en las rutinas y la dinámica familiar, e incluso encuentran tiempo y energía suficientes para proveerse de recursos que contribuyan al desarrollo personal, al bienestar y a la felicidad de ambos.

Para Cristopher Reeve, conocido actor que encarnó a Superman, fue fundamental el apoyo de su esposa, y gracias a ella tuvo una recuperación de algunos movimientos y de su estado emocional. Cuando él supo que había quedado cuadripléjico le sugirió a su esposa Dana que lo dejara para que no sufriera. Y ella le respondió: “Todavía sigues siendo tú, y te amo”.

Ante ello, muchos se preguntan ¿cuál es el secreto para lograr una actitud positiva ante la nueva situación? Y la respuesta se encuentra en muchos testimonios en donde ambos cónyuges han adoptado una actitud proactiva y positiva. “En su madurez, flexibilidad, responsabilidad y capacidad resolutiva”, dice la psicóloga Ludmilla Aguirre.

Uno de los mayores sufrimientos para ambos es la desorientación que viven a nivel emocional, ya que la enfermedad representa la lucha contra lo desconocido. Ante ello, la experta aconseja que la pareja busque la ayuda de especialistas tanto en el campo médico -para plantearle todas las dudas que surjan respecto al diagnóstico, la enfermedad y el tratamiento-, como psicológico. Durante este proceso, los expertos aconsejan que la comunicación entre la pareja debe fluir. Ambos deben evitar dejar de hablarse, pues esto puede ser perjudicial, dice Garavito. A la par de ello, es casi seguro que necesitarán de la ayuda de otros, con quienes puedan compartir la carga emocional, que compartan lo que es atender a un enfermo y les brinden consejos de cómo acompañar y favorecer el proceso de curación sin empeorar la relación de pareja. Por eso, el entorno de amigos, familiares, grupos de apoyo, consejeros, es fundamental para salir adelante.

En esta etapa, el psicólogo Ballenato recomienda evitar sobredimensionar la magnitud de la enfermedad o la discapacidad, al prestarle excesiva atención al enfermo. “El exceso de ayuda y la consiguiente sobreprotección son tan perjudiciales como el hecho de no prestarle atención”. El gran reto por afrontar es procurar el mayor grado posible de autonomía y de normalización de la vida.

Es preciso fortalecer la autoestima y el sentimiento de utilidad y de valía. Habrá que evitar la reducción drástica, y a veces arbitraria, de actividades y del contacto social, recomienda el profesional.

De acuerdo con la psicóloga Ludmilla Aguirre, se pueden dar situaciones en donde la enfermedad limite incluso la vida sexual de la pareja, por lo que hay que buscar otras expresiones que demuestren cariño y ternura a fin de mantener vivos los sentimientos.

En fin, se trata de un cambio total de planes y de formas de vivir la relación, que pone necesariamente a prueba la capacidad de flexibilidad y apertura a los cambios, pero por sobre todo a ese voto matrimonial que un día juraron: amarse en la salud y en la enfermedad.

Un deber moral

La médica Claudia Robles señala: “Lo ideal es que toda persona que va a contraer nupcias se realice un chequeo médico completo que incluya no solo una evaluación general de salud, sino también descartar cualquier enfermedad infectocontagiosa que pudiera dañar la salud del cónyuge, asimismo, enfermedades que puedan afectar la relación de pareja y su futuro”.

Este punto es compartido por el médico y genetista Julio Cabrera Valverde, quien explica que así como se planifica lo que se le va a heredar en bienes a los hijos, así se debería planificar lo que se le va a heredar genéticamente a la familia. “Esto es más importante, así pueden detectar y prevenir enfermedades y evitar muchos dolores”.

Por ejemplo, los galenos explican que si uno de los cónyuges tiene cáncer, la pareja tiene derecho a saber que su prometido padece una enfermedad que puede limitar su vida y tiene derecho a decidir si comparte su vida con ella.

La doctora Claudia Robles expresa que la decisión de casarse o no debe ser bien meditada, pues se han dado casos donde alguno de los contrayentes se casa por lástima o remordimiento, lo cual al final termina en fracaso.

En el artículo 97 del Código Civil se establece que la constancia de sanidad es obligatoria para ambos contrayentes. Esto para asegurarse que ninguno padece de alguna enfermedad contagiosa incurable, perjudicial al otro cónyuge o la descendencia, o que no tiene defectos físicos que imposibiliten la procreación.

Para los expertos, en teoría este paso sí se cumple, sin embargo, se ha convertido en un mero requisito, pues muchas parejas acuden a algún médico conocido, quien les solicita exámenes de laboratorio básicos y les extiende los certificados, dice la doctora Robles.

César Augusto Sazo, de la sección de Matrimonios de la Municipalidad de Guatemala, explica que de los 200 matrimonios que mensualmente efectúan en esa institución, un alto porcentaje se ampara en el mismo artículo del Código Civil, el cual señala: “No están obligados a presentar el certificado médico quienes ya hubieren tenido relaciones de hecho que hagan innecesario dicho documento”

El espíritu de dicha norma es corroborar que ninguno de los futuros contrayentes sufra alguna enfermedad contagiosa incurable. “Todo esto con el ánimo de proteger a la familia y, por ende, a la sociedad y al Estado”, indica la abogada Ana Lucía Alejos Botrán.

“Cuando los futuros contrayentes comprenden la importancia de dicha constancia médica, a pesar de ya haber tenido relaciones íntimas prematrimoniales, entonces pueden tomar una decisión informada al respecto y elegir si como pareja pueden sobrellevar dichos impedimentos a futuro y los riesgos o impedimentos para la procreación”, concluye Alejos. Por eso para los profesionales la presentación de ese documento más que una obligación debería ser un deber moral y un acto de prudencia, para evitar muchos dolores en el futuro.

Por Jeovany Ibañez y Karla Rímola

Fuentes: Doctora Claudia Robles. Licenciado César Augusto Sazo, de la sección de Matrimonios de la Municipalidad de Guatemala. Médico y genetista Julio Cabrera Valverde, director de la clínica de genética del Hospital San Juan de Dios. Ludmilla Aguirre, psicóloga con especialidad en problemas de pareja, del Centro Clínico de Psicología y Terapias alternativas. Guillermo Ballenato, psicólogo y docente. Marco Antonio Garavito, director de la Liga Guatemalteca de Higiene Mental. Ana Lucía Alejos Botrán, abogada especialista en derechos de la mujer y niños, derechos humanos, casos de familia y femicidio, info@alejosbotran.com M.A Claudia Cuyún, psicóloga clínica, asesora educativa familiar, teléfono (502) 2334-3825.

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