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Me quiero casar con muchos…

Por: Revista Amiga

Si eres de las novias sofisticadas que harán de su boda todo un deleite visual con repentinos cambios de vestido, necesitas tener en cuenta estos puntos.

Sé la protagonista, siempre

El diseño de cada pieza deberá hacerte notar y distinguir como la protagonista del evento. ¿Por qué quién quiere verse igual que las damas y las demás invitadas?

Aprovéchate de la ocasión

Una buena oportunidad para lucir más de un vestido es cuando se celebra la boda civil y religiosa el mismo día. Resulta perfecto pasar de un estilo con corte de sirena a uno con falda amplia para seguir siendo el centro de atención.

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Siempre es una buena idea llevar un peinado fácil de cambiar

Decídete por un peinado que combine con cada cambio o bien, que sea práctico de transformar. Por ejemplo, si el primer vestido tiene pedrería en el top, lleva el cabello recogido; y suelto si tu segunda opción tiene escote palabra de honor, strapless o con tirantes tipo espagueti.

 

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El cambiar de vestidos es cansado, trata de hacerlo práctico pero siempre guardando el glamour

Si eliges un vestido para lucir durante la ceremonia religiosa, otro para brindar con tus invitados previo al festejo y uno más para disfrutar de la fiesta, lo esencial es que luzcas espectacular. No hay novia que se vea bien si se ve cansada y frustrada.

 

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La etiqueta, siempre la etiqueta

Es de suma importancia cuidar el tiempo entre un cambio y otro. Resulta de mal gusto y una descortesía hacer esperar a tus invitados, por eso deberás utilizar solo unos cuantos minutos para cambiarte. La idea es que no se note tu ausencia mientras transformas tu imagen. Ten a la mano todo lo que necesitas y designa un lugar para vestirte y ¡no dejes que nadie entre!

 

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Pasa de un estilo a otro

Para que el cambio sea notorio, viste estilos totalmente diferentes. Pasa de un corte princesa de línea A y velo de largo catedral, a otro de corte sirena con velo corto o bien, uno con escote pronunciado en la espalda, incluso diseñado con encaje al estilo de los vestidos que imitan un tatuaje.

El cambio también lo hace el color

Otra idea es pasar del tono blanco al ivory u optar por las propuestas en degradé de un tono nude que llegue incluso al café con leche. Hay colores más intrépidos como el rojo o el naranja para las que somos atrevidas.
En la historia son recordadas algunas novias icónicas. Por ejemplo, Audrey Hepburn en 1969 lució un diseño de Givenchy con minivestido de lana ligera y capucha en rosa. Elizabeth Taylor, famosa por sus diversos enlaces, eligió en una ocasión uno en amarillo para su boda en 1964.


Fuentes: Gabriella Padilla, planificadora de bodas y experta en vestidos de novia, de Portal de Bodas, teléfono       2334-1527; Janinna Canessa, experta en confección de vestidos de novia, de Telas El Cairo, teléfono 2366-6093.

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